Pastor's Note| Pentecost Sunday| June 9, 2019

Jun 7, 2019

John 20:19-23 is one of two possible Gospel readings for Pentecost Sunday. In it, Jesus says "peace be with you" twice. First, he gives his disciples the gift of peace so that they can take their focus off of their worries to look at him and recognize him standing in their midst.

Then he says it again while giving them the vocation of continuing the mission that he had started. This time, "peace be with you" is to be the fruit of a life lived in the Holy Spirit while serving God for the sake of the world.

It's one thing to feel peaceful because we know that Jesus is with us. It's quite a challenge, though, to feel peaceful when telling others about Jesus, for we feel inadequate and overwhelmed, and we're afraid of being persecuted and rejected. That's why he gave us his Holy Spirit.

The Holy Spirit gives us whatever we need for doing the work that the Father asks of us, and thus we are not really inadequate nor does God fail to comfort us when people reject us.

One of the fruits of partnering with Jesus in the power of his Spirit is an inner peace that does not depend on what happens, nor on what others do or don't do to us, nor on how they respond to the Good News that we share with them. Peace is the result of being alive in the Spirit. Peace is the Spirit's activity within us.

At the end of this Gospel passage, Jesus gives the Apostles (the first Catholic priests) the authority to forgive sins as surrogates of his divine presence. He is instituting the Sacrament of Reconciliation, which provides to us Jesus himself in the form of the human priest.

The same forgiving power of the Spirit enables all of us to experience peace in a sinful, tumultuous world. Even when forgiving is most difficult, in the Spirit of Christ we can do it. We can forgive those who hurt us, even if they never repent. And this is what restores our peace.

Questions for Personal Reflection:
What is causing you to feel unpeaceful? Whom do you need to forgive in those situations? If you've forgiven everyone and you still lack peace, do you need to forgive yourself? Or God? Consider going to a spiritual director or counselor for help in finding all the peace that Jesus wants you to have.

Domingo de Pentecostés
Junio 9, 2019

Juan 20, 19--23 es una de las dos posibles lecturas del Evangelio para el Domingo de Pentecostés. En ella, Jesús dice "la paz esté con ustedes" dos veces. Primero, le da a sus discípulos el don de la paz para que puedan sacar su atención de sus problemas, mirarlo a Él y reconocerlo parado en medio de ellos.

Luego lo repite, mientras les da la vocación de continuar con la misión que Él había comenzado. Esta vez, "la paz esté con ustedes" deberá ser el fruto de una vida vivida en el Espíritu Santo mientras sirven a Dios por el bien del mundo.

Una cosa es sentirnos en paz porque sabemos que Jesús está dentro de nosotros. Pero, es todo un desafío sentirnos en paz cuando hablamos a los demás acerca de Jesús, porque nos sentimos incapaces y abrumados y tenemos temor de ser perseguidos y rechazados. Por ello es que nos dio su Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nos da todo lo que necesitamos para hacer la obra que el Padre nos pide que hagamos y, así, no somos verdaderamente incapaces y Dios puede consolarnos cuando las personas nos rechazan.

Uno de los frutos de asociarnos con Jesús en el poder de su Espíritu es una paz interior que no depende de lo que sucede, ni de lo que otros nos hacen o dejan de hacernos, o de cómo responden a las Buenas Nuevas que compartimos con ellos. La paz es el resultado de estar vivos en el Espíritu. La paz es la actividad del Espíritu dentro de nosotros.

Al final de este pasaje del Evangelio, Jesús le da a los Apóstoles (los primeros sacerdotes católicos) la autoridad de perdonar los pecados en representación de su divina presencia. Está instituyendo el Sacramento de la Reconciliación que nos da a Jesús mismo en la forma de un sacerdote humano.

El mismo poder de perdón del Espíritu nos capacita a todos para experimentar la paz en un mundo pecador y tumultuoso. Aun cuando perdonar sea más que difícil, podemos hacerlo en el Espíritu de Cristo. Podemos perdonar a los que nos dañan incluso si nunca se arrepienten. Y esto es lo que restaura nuestra paz.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué está haciendo que te sientas falto de paz? ¿A quién debes perdonar en esas situaciones? Si ya has perdonado a todos y aún te falta la paz ¿necesitas perdonarte a ti mismo? ¿O a Dios? Considera la posibilidad de ir a un director espiritual o a un consejero para pedir ayuda para encontrar toda la paz que Jesús quiere que tengas.