Pastor's Note| Fourth Sunday of Advent| December 20, 2020

This Sunday's Gospel shows us how the mission of Christ affected the Virgin Mary even before Jesus was conceived in her womb.

Three decades later, Jesus would become the Savior of the world. However, that is not when his salvation plan began. Jesus is God; he has always existed. He is the uncreated Divine Son, the Person of the Holy Trinity who, as we proclaim in the Nicene Creed, was "born of the Father before all ages, God from God...."

His salvation plan could -- and did -- impact Mary since the moment of her own conception.

In order for God to come into our world in the flesh, his Spirit totally bathed Mary in his pure, holy presence. Therefore, even though she could not understand how the promised Messiah could be conceived within her, since she'd had no sexual relations, by the grace of God's Spirit she could know that God was the one who was asking for it and God was the one who was doing it. That's all she needed.

All of us are called by God to carry the presence of Christ and birth him more fully into the world. What are you doing about it? How much are you fulfilling your divine destiny? Remember, he always empowers us to accomplish whatever he asks us to do. God knows what he's doing when he calls us to continue what Mary began, and he is always trustworthy and dependable. There is nothing to fear, no reason to hold back from fulfilling our true destiny.

With this in mind, when he asks us to do something for his kingdom, of course our answer is yes, right? Why wouldn't it be? Of course we want to cooperate with his plan, and we say yes to his plan even when we don't understand it nor see how God could possibly do what he says he'll do.

Often, we feel inadequate, because we know we are weak, sinful, and unqualified. Don't trust your feelings about it; trust God. Don't trust your feelings about it; trust God.

Questions for Personal Reflection:
When was the last time you said to God, "But how can this be? You want me to do WHAT? I don't understand why!" What were you afraid of? How strong was your trust in God?

Cuarto Domingo de Adviento

La lectura del Evangelio de este Domingo nos dice que Juan el Bautista vino para "dar testimonio de la luz."  ¿Qué significa esto?

Sabemos que Jesús es la Luz de la Verdad que brilla en la oscuridad para llevarnos a la vida eterna. Y sabemos que Su Espíritu nos ilumina en la verdad para que podamos ser salvos de las fuerzas destructoras de nuestros pecados y seguir a nuestro Salvador hacia el cielo. Pero, ¿cuál fue el testimonio dado por Juan? ¿Cómo dio él testimonio de la luz? ¿Y cómo afecta esto nuestras vidas hoy?

El testimonio de Juan fue: "Yo no soy el Mesías. Yo soy una voz. Una voz en el desierto." Y su testimonio nos lleva a la Luz de Cristo al desafiarnos con lo siguiente: "¿Dónde está tu vida árida y seca? ¡Escucha! ¡Cristo viene para encontrarte ahí! ¡Haz un camino directo hacia él! ¡Deja de dar vueltas! Arrepiéntete, cambia, haz lo que sea necesario para buscar a Jesús, de modo que lo encuentres. ¡Él está viniendo hacia ti!"

Todos hemos experimentado momentos en los que Jesús parece distante, no está disponible, o está ausente cuando le necesitamos. ¿Qué ha abierto tus ojos a su presencia? ¿La voz de quién te ha hecho regresar a Dios? Ha llegado el momento de hacer lo mismo por otras personas, traer buenas nuevas a los pobres (tal como lo dice en la lectura de Isaías), sanar al quebrantado, proclamar la libertad a aquellos que son prisioneros de sus pecados y anunciar cómo ser bendecidos mediante una relación estrecha con el Señor.

Todos tenemos el mismo testimonio y el mismo llamado que tuvo Juan: Se supone que todos debemos ser voces que gritan lo suficientemente fuerte como para ser oídos por encima del ruido del mundo. Muchas almas se pierden en el desierto de la confusión, de la desesperación, del dolor, de la angustia y, por supuesto, del pecado. ¿Podemos legítimamente ignorar sus necesidades? ¿Es amoroso estar tan callados que ellos no puedan oír la verdad? ¡Por supuesto que no! Algún día tendremos que explicar a Jesús por qué ignoramos nuestro llamado bautismal de ser la voz que hubiese podido ayudar a otros a encontrarle.

¿Qué clase de voz tienes? Al tener a Cristo dentro de nosotros, nuestras propias vidas son la voz. La forma en que manejamos las pruebas, revelando nuestra fe en Jesús, es una voz que es audible para aquellos que están perdidos en el desierto. Mientras más paz tengamos y más amor demos, el grito será más fuerte.

Aún si nuestras cuerdas vocales no emitieran una sola palabra, la forma en que vivimos en la luz es nuestra manera de decir la verdad sobre la luz. Mientras mejor vivamos la verdad, más claro y más fuerte será el mensaje.

Lo que la gente escoja hacer con nuestro mensaje depende de ellos, pero depende de nosotros decirlo para que ellos puedan elegir.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Cómo ha sido cambiada tu vida por tu fe en Jesús? ¿Qué mal ha sido conquistado, qué oscuridad ha sido superada? ¡Éste es tu testimonio! Escribe un par de páginas sobre eso para que te familiarices mejor con tu testimonio. Esto te preparará para explicar a otros cuando te pregunten por qué tienes fe.