Pastor's Note| First Sunday of Lent| February 21, 2021

This Sunday's Gospel reading shows us the first thing that Jesus did after his baptismal anointing in the Jordan River: He wrestled with temptation.

His baptism had marked the moment of his complete surrender to the Father's will. As he arose from the water, he left behind his old life and began a new life of ministry.

The Father responded by telling him that he was very pleased, and the Holy Spirit filled his humanness. Jesus as God already had the Holy Spirit (one-hundred percent, he and the Spirit were the same God), but Jesus the Son, who was also fully human, now came fully alive in the Spirit. We can imagine how this experience in the Jordan River gave him the feeling of an elated spiritual high. And the next thing that happens is an attack of the devil.

The same pattern repeats itself in our lives. As soon as we experience new growth in our faith, or a new purpose for our faith with a calling to do the Father's will in a wonderful new work of God's kingdom, we run smack into a situation that tests the strength and sincerity of our faith. However, if this didn't happen, how would we know that our faith is strong enough for our daily needs? How would we find out that we've spiritually matured? How would we know that we are ready to make a significant difference for the kingdom of God?

Sometimes without consciously thinking it, we decide that new growth isn't worth the aftermath. If we're going to be tested, and if we fear that we might lose our battle against evil, wouldn't it be better not to grow, not to partner with Christ in serving God's kingdom, not to aim for spiritual highs?

Well, that's another temptation!

Lent is the perfect time to examine the temptations that we face every day and turn them into new growth that will strengthen our faith.

Every time we face a sin and seek God's forgiveness, we become stronger. And if we take it a step farther by walking into the confessional with it, we also receive powerful graces directly from Jesus, through the priest, that will render temptations much more powerless.

And this makes us more useful to God in the mission of conquering evil in the world and helping his kingdom spread into the lives of the people around us.

Think of temptations as blessings in disguise: Use them as opportunities to purify your life, become more like Jesus, and grow powerful in the faith.

Questions for Personal Reflection:
How well do you recognize temptation? How quickly do you rely on the faith that God has given you to say no to the devil's tricks? What temptation are you saying yes to right now? Are you willing to give it up as your Lenten sacrifice?

1er. Domingo de Cuaresma

El Evangelio de este domingo nos muestra la primera cosa que Jesús hizo después de su unción bautismal en el Río Jordán: luchó con la tentación.

Su bautismo había marcado el momento de su total rendición a la voluntad del Padre. Cuando salió del agua, dejó detrás su vida antigua y comenzó una nueva vida de ministerio.

El Padre le respondió diciéndole que estaba complacido, y el Espíritu Santo llenó su humanidad. Jesús como Dios ya tenía el Espíritu Santo (cien por ciento, Él y el Espíritu eran el mismo Dios), pero Jesús el Hijo, que era totalmente humano, ahora se vivificó totalmente en el Espíritu. Podemos imaginar cómo esta experiencia en el Río Jordán le dio un sentimiento de exaltación espiritual. Y la próxima cosa que sucede es un ataque del demonio.

El mismo patrón se repite en nuestras vidas. Tan pronto como experimentamos un nuevo crecimiento en nuestra fe, o un nuevo propósito para nuestra fe, con un llamado de la voluntad del Padre en una nueva tarea en el reino de Dios, nos golpeamos con una situación que pone a prueba nuestra fuerza y sinceridad en la fe. No obstante, si esto no sucediera, ¿cómo sabríamos que nuestra fe es suficientemente fuerte para nuestras necesidades diarias? ¿Cómo averiguaríamos que hemos madurado espiritualmente? ¿Cómo sabríamos que estamos listos para hacer una diferencia significativa trabajando para el reino de Dios?

A veces, sin pensarlo conscientemente, decidimos que un nuevo crecimiento no vale la pena las consecuencias. Si vamos a ser examinados, y si tememos que vayamos a perder la batalla contra el mal, ¿no sería mejor no crecer, no asociarse con Cristo para servir en el reino de Dios, no aspirar a alturas espirituales?

Bueno, ¡allí hay otra tentación!

Cuaresma es el tiempo perfecto para examinar las tentaciones que enfrentamos todos los días, y transformarlas en un nuevo crecimiento que fortalezca nuestra fe.

Cada vez que enfrentamos un pecado y buscamos el perdón de Dios, nos fortalecemos. Y si damos un paso más yendo al confesionario con él, también recibimos gracias poderosas directamente de Jesús, a través del sacerdote, que nos devolverá tentaciones mucho menos poderosas.

Y esto nos hace más útiles para Dios en la misión de conquistar el mal en el mundo y ayudar a difundir su reino en las vidas de las personas a nuestro alrededor.

Piensa en las tentaciones como bendiciones disfrazadas: utilízalas como oportunidades para purificar tu vida, ser más como Jesús, y crecer poderoso en la fe.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Qué tan bien reconoces a la tentación? ¿Qué tan rápido confías en la fe que Dios te ha dado para decir no a los trucos del demonio? ¿A qué tentación estás diciéndole sí ahora mismo? ¿Estás dispuesto a abandonarla como tu sacrificio Cuaresmal?