Pastor's Note| 4th Sunday in Ordinary Time| February 3, 2019

Take a close look at this Sunday's Gospel story. Jesus has just finished reading the scripture that we heard on the previous Sunday ("The Spirit of the Lord is upon me, he has anointed me to bring good news to the poor," etc.). He tells the people in the synagogue that this scripture is now being fulfilled through him, and they all speak highly of him. But by the end of this scripture, they're furious with him.

What changed their attitude?

Their awe turned into confusion when they remembered, "Isn't this the son of Joseph?" Unlike those who would meet Jesus for the first time in later chapters of the story, these people had experiences with Jesus the toddler who fell when learning to walk, Jesus the teenager who bled from mistakes made while learning the carpentry trade from his father, Jesus the young man who wept at his father's funeral.

Their attitude changed when they stopped listening with their spirits and started listening with their pre-conceived notions. This disconnect from the divine then stirred up their emotions.

Think of how people react when you confuse them by doing or saying something out of character, that is, out of the character that they expect from you. If you're perceived as too young or too old to do what you are in fact capable of doing, or if your education level doesn't include a formal degree that proves that you know what you do already know, or if you don't tell people what they want to hear, their surprise turns into confusion that triggers an emotional response against you.

We expect them to believe us and trust us, and when they don't, our surprise turns into confusion that triggers an emotional response against them. But how did Jesus handle it when they treated him this way? He calmly spoke a truth that was inspired by the Holy Spirit. Did he have an emotional reaction? Sure! He was human like us; we were all created by the Father to have emotions. The problem is not in the emotions; the problem occurs when we listen through our emotions instead of our spiritual connection to the Holy Spirit.

Questions for Personal Reflection:
How much time do you spend training your ear to hear the Holy Spirit within you? When life is busy happening around you, do you mostly react to it or are you on some level praying about it? What can you do this week to develop a more automatic connection to the Spirit of God?

4to. Domingo del Tiempo Ordinario
Febrero 3, 2019

Echa un vistazo atento a la historia del Evangelio de este domingo. Jesús acaba de terminar de leer la Escritura que escuchamos el domingo anterior ("El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres", etc.). Él le dice a la gente en la sinagoga que esta escritura está siendo cumplida por Él, y todos hablan muy bien de Él. Pero hacia el final de esta escritura, están furiosos con Él.

¿Qué les ha hecho cambiar de actitud?

Su asombro se convirtió en confusión cuando recordaron: "¿No es éste el hijo de José?" A diferencia de aquellos que encontraron a Jesús por primera vez en los últimos capítulos de la historia, estas personas tuvieron experiencias con Jesús el niño que se cayó cuando aprendía a caminar, Jesús el adolescente que sangraba por los errores cometidos mientras aprendía el oficio de la carpintería de su padre, Jesús el joven que lloró en el funeral de su padre.

Su actitud cambió cuando dejaron de escuchar con sus espíritus y comenzaron a escuchar sus nociones preconcebidas. Esta desconexión de lo divino agitó sus emociones.

Piensa cómo reacciona la gente cuando los confundes por hacer o decir algo fuera de lugar, es decir, fuera del personaje que ellos esperan de ti. Si se te percibe como demasiado joven o demasiado viejo para hacer lo que, de hecho, eres capaz de hacer, o si tu nivel de educación no incluye un título oficial que pruebe que sabes lo que ya conoces, o, si no dices lo que la gente quiere oír, su sorpresa se convierte en confusión que provoca una respuesta emocional en contra tuya.

Esperamos que nos crean y confíen en nosotros y, cuando no lo hacen, nuestra sorpresa se convierte en confusión que provoca una respuesta emocional en contra de ellos. Pero, ¿cómo manejó la situación Jesús cuando le trataron de esta manera? Él dijo, con calma, la verdad que fue inspirada por el Espíritu Santo. ¿Tuvo una reacción emocional? ¡Por supuesto! Él era un ser humano como nosotros; todos fuimos creados por el Padre para tener emociones. El problema no está en las emociones; el problema se produce cuando escuchamos a través de nuestras emociones en lugar de hacerlo a través nuestra conexión espiritual con el Espíritu Santo.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Cuánto tiempo le dedicas a entrenar tu oído para escuchar el Espíritu Santo dentro de ti? Cuando la vida agitada gira en turno tuyo, ¿reaccionas a ella o estás, de alguna manera, orando al respecto? ¿Qué puedes hacer esta semana para desarrollar una conexión más automática con el Espíritu de Dios?