Pastor's Note| 13th Sunday in Ordinary Time| June 30, 2019

Jun 28, 2019

How well do you handle rejection? This Sunday's Gospel reading shows us how the disciples reacted to rejection. They had entered a Samaritan village ahead of Jesus, as he had asked them to do, to gather an audience. But because the Samaritans had an anti-Jewish prejudice, they didn't want to listen to Jesus. Their hearts were closed to anything he might want to say. And so they missed an opportunity to experience the Savior of the world.

How do you feel when close-hearted people reject your efforts to bring Jesus to them? What do you feel like doing when someone refuses to listen to you? Or when you try to explain a teaching of the Church but they don't even want to try to understand?

The disciples who traveled with Jesus didn't like rejection any more than we do. Two of his closest friends, James and John, thought they would do Jesus a favor by asking, "Do you want us to zap them with a lightning bolt?"

Jesus had previously told them to deal with rejection by wiping the dirt from their sandals and walking away. Now he lived what he preached by walking away these Samaritans. He didn't force his beliefs upon the villagers, even though they definitely needed the truths he could have taught them.

There's a lot we have to give up when we follow Jesus, including the grudges we like to hold and our desire to deal with rejection by retaliating. Why give others that kind of control over our moods? Wiping the dirt from our shoes means we get rid of the bad feelings that steal our joy.

At the end of this scripture, Jesus explains that following him is always a forward motion. We're always walking away from something -- away from rejection, away from our unloving reactions to prejudice, away from the close-heartedness of those who are as yet unteachable -- and moving into the loving embrace of Christ.

To move forward, remember that the Holy Spirit is the only one who can prepare a heart to receive Jesus. When we try to bring someone to Jesus and fail, we're not really failing; we're planting seeds rather than harvesting the crop. Let the Holy Spirit finish the work while you move on to other fields.

Questions for Personal Reflection:
Who is frustrating you because he/she is not willing to change? What can you do to "walk away" lovingly and to give yourself a break? (It might not be a literal departure.)

13er. Domingo del Tiempo Ordinario
Junio 30, 2019

¿Qué tan bien manejas el rechazo? La lectura del Evangelio de este domingo nos muestra cómo reaccionaron los discípulos frente al rechazo. Habían entrado a un pueblo samaritano antes que Jesús, como les había pedido Él, para reunir audiencia. Pero, dado que los samaritanos tenían un prejuicio anti-judío, no querían oír a Jesús. Sus corazones estaban cerrados a cualquier cosa que Él quisiera decir. Y, así, se perdieron una oportunidad de experimentar al Salvador del mundo.

¿Cómo te sientes cuando personas cercanas a ti rechazan tus esfuerzos para llevar a Jesús hacia ellos? ¿Cómo te sientes cuando alguien se rehúsa a escucharte? ¿O cuando tratas de explicar las enseñanzas de la Iglesia pero ni siquiera tratan de comprenderte?

A los discípulos que viajaban con Jesús no les gustaba el rechazo más que a nosotros. Dos de sus amigos más cercanos, Santiago y Juan, creyeron que le harían un favor a Jesús preguntando: "¿Quieres que los partamos con un rayo?"

Jesús les había dicho anteriormente que manejaran el rechazo sacudiéndose el polvo de sus sandalias y yéndose. Ahora vivía lo que había predicado, al alejarse de los samaritanos. No forzó sus enseñanzas en los pueblerinos, aunque, definitivamente, necesitaban de las verdades que Él podría haberles enseñado.

Hay muchas cosas que debemos abandonar cuando seguimos a Jesús, incluyendo el rencor que nos gustaría retener y nuestros deseos de responder al rechazo con venganza. ¿Por qué dar a los demás esa clase de control sobre nuestro estado de ánimo? Sacudirnos el polvo de nuestros zapatos significa liberarnos de los malos sentimientos que nos roban el gozo.

Al final de esta escritura, Jesús explica que seguirlo a Él es siempre hacia adelante. Siempre estamos alejándonos de algo – del rechazo, de nuestras reacciones poco amorosas frente al prejuicio, de los corazones cerrados de aquellos que no quieren aprender – y acercándonos al abrazo amoroso de Cristo.

Para ir hacia adelante, recuerda que el Espíritu Santo es el único que puede preparar un corazón para recibir a Jesús. Cuando tratamos de acercar a alguien a Jesús y fallamos, no estamos fallando realmente; estamos sembrando la semilla en lugar de levantar la cosecha. Deja que el Espíritu Santo termine la obra mientras vas hacia otros campos.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Quién está frustrándote porque no desea cambiar? ¿Qué puedes hacer para "alejarte" amorosamente de él/ella y darte un descanso? (Tal vez no sea una partida literal.)