Pastor's Note| Third Sunday of Advent| December 16, 2018

Dec 14, 2018

The Third Sunday of Advent focuses our attention on the spirit of joyfulness, because this is an essential mark of true faith in Christ. All of the readings are full of joy and the thrill of happy expectation. In the Gospel reading, John the Baptizer preaches good news to the people, and they are filled with joyful anticipation for whatever God is about to do.

            Do you know that joy is a ministry? It's an important way to share the faith. We all have a calling to do this ministry wherever there is misery and hopelessness.

            Let's look at how John fulfilled this ministry of joy. We might think he was anything but joyful in his robe of scratchy camels' hair and his fiery sermons about repenting from sin. But look closer. His ministry prepared people's hearts to receive Jesus.

            Having faith means trusting God which means resting in hope which produces joy. When you or someone you know is lacking joy, it's because Jesus has not yet been invited fully into the situation that's been stealing the joy. It might be too early in the grieving process, which is healthy and normal, or it might a lack of faith, which needs nurturing.

            The ability to experience the joy of faith comes from turning to the love of God and receiving his comfort in the midst of hardships. It also arises from getting to know the joyful side of Jesus and the joyful purposes behind all of his teachings.

            Jesus preached going the extra mile, loving our enemies, and doing good to those who cause us hardships, none of which is fun. What we need to discover and then share with others is that holy living, although not always fun, is what unites us to the joyful love of Jesus and the joyful purposes of everything he preached. Remember, even going to the cross produces joyful results.

            The good news is: Jesus didn't just tell us how to be holy, he gave us the power to be holy: He gave us his Holy Spirit. And when others see the Holy Spirit's activity in us, if they know that Jesus is the reason for our joy, they are evangelized by our faith!

Questions for Personal Reflection:
Think of a recent sin you've committed. How did it prevent you from experiencing joy? The next time, how will you rely on the Holy Spirit to help you turn temptation into joy?

3er. Domingo de Adviento

            El tercer domingo de Adviento centra nuestra atención en el espíritu de alegría, porque es una señal esencial de la verdadera fe en Cristo. Todas las lecturas están llenas de alegría y de la emoción de la feliz expectativa. En la lectura del Evangelio, Juan el Bautista predica buenas nuevas a la gente y se llenan de gozosa anticipación por lo que Dios está a punto de hacer.

            ¿Sabes que la alegría es un ministerio? Es una forma importante de compartir la fe. Todos tenemos la vocación de ejercer este ministerio donde haya miseria y desesperanza.

            Veamos cómo Juan cumplió con este ministerio de alegría. Podríamos pensar que era todo menos alegre en su manto de pelo de camello y sus feroces sermones sobre arrepentirse del pecado. Pero mira más de cerca. Su ministerio preparó los corazones de la gente para recibir a Jesús.

            Tener fe significa confiar en Dios, lo que quiere decir descansar en la esperanza que produce alegría. Cuando tú, o alguien que conoces, carecen de alegría, es porque Jesús aún no ha sido invitado plenamente a participar en la situación que se ha estado robando la alegría. Puede ser demasiado pronto en el proceso del duelo, que es saludable y normal, o puede ser falta de fe, que requiere ser alimentada.

            La capacidad de experimentar la alegría de la fe proviene de recostarse en el amor de Dios y recibir su consuelo en medio de las dificultades. También surge de conocer el lado alegre de Jesús y los propósitos alegres detrás de todas sus enseñanzas.

            Jesús predicó caminar la milla extra, amar a nuestros enemigos y hacer el bien a los que nos causan mal, nada de lo cual es divertido. Lo que necesitamos descubrir y luego compartir con los demás, es que una vida santa, aunque no siempre divertida, es lo que nos une al amor gozoso de Jesús y los propósitos alegres de todo lo que Él predicó. Recuerda, incluso ir hacia la cruz produce resultados alegres.

            La buena noticia es: Jesús no sólo nos dijo cómo ser santos, nos dio el poder para ser santos: nos dio su Espíritu Santo. Y cuando otros ven la actividad del Espíritu Santo en nosotros, si saben que Jesús es la razón de nuestra alegría, ¡serán evangelizados por nuestra fe!

Preguntas para la Reflexión Personal:
Piensa en un pecado reciente que hayas cometido. ¿Cómo te impidió experimentar la alegría? La próxima vez, ¿cómo confiarás en el Espíritu Santo para ayudarte a convertir la tentación en alegría?