Pastor's Note| 4th Sunday of Lent| March 31, 2019

Mar 29, 2019

Who is worthy to receive the love and unconditional forgiveness of God? During every Mass, we pray, "Lord, I am not worthy... but say the Word and my soul shall be healed." Jesus illustrates in this Sunday's Gospel reading that we are all worthy, but not because of what we do -- rather, it's because of what Jesus did do: He died on the cross to take our sins into death so that we can rise up with him in the perpetual Easter experience of unity with God.

          In the parable of the Prodigal Son, it's not what the son did that made his return home acceptable. It's not his repentance that made him worthy of receiving his father's love. It's what the father did. He loved his child. Unconditionally. He loved him even while he was far away, even while he was straying in a sinful lifestyle.

          The dad's unconditional, faithful love was his gift to the son even while the son was rejecting it.

          The gift that the son gave to his dad upon his return home was an open heart to receive the love that had always been available.

          During every Mass, we come to church as prodigal children. It doesn't matter that we think we've been good Christians all week long. In some way or other, we have turned our backs on God's full, unconditional, faithful love. This is why we always start Mass acknowledging that we have sinned. Let's take this opportunity very seriously!

          Next, we listen to the Word that heals our broken relationships with God. The homily should always be carefully planned to enhance this, but if it's not, Jesus is nonetheless speaking to you through his Holy Spirit; listen in your heart. Jesus, who is the Word made flesh, has already begun to respond to your presence at Mass.

          In the Offertory, we offer ourselves to the Father; it's our moment of surrender: "I no longer deserve to be called your child, so do with me as you will." What God wills is for us to be restored to a fully loving, give-and-take relationship with him and his family. And thus, in the grandest moment of the Liturgy, we receive the Eucharist as a gift of unity with God and with his whole family, the Church. (Those who cannot receive the Communion of the Host and Cup are graced with a Spiritual Communion.)

Questions for Personal Reflection:
In what ways do you feel like a prodigal child? Do you feel separated from God to any degree? What sins do you need to confess so that you can turn around and head back home? Your Father is waiting with open arms!

4to. Domingo de Cuaresma
          ¿Quién es digno de recibir el amor y el perdón incondicional de Dios? Durante cada Misa oramos: "Señor, yo no soy digno... pero una palabra Tuya bastará para sanarme". Jesús nos demuestra, en el Evangelio de este domingo, que todos somos dignos, pero no por lo que hacemos -- más bien, es por lo que Jesús hizo: murió en la cruz para llevar nuestros pecados a la muerte para que nosotros pudiéramos resucitar con Él en la eterna experiencia Pascual de la unidad con Dios.

          En la parábola del Hijo Pródigo, no fue lo que hizo el hijo lo que consiguió que su regreso a casa fuese aceptable. No fue su arrepentimiento lo que hizo que fuese digno de recibir el amor de su padre. Es lo que hizo su padre. Él amó a su hijo. Incondicionalmente. Lo amó aun cuando estaba lejos, aun cuando estaba extraviado viviendo un estilo de vida pecaminoso.

          El amor incondicional y fiel fue el regalo que le hizo el padre a su hijo aun cuando el hijo lo rechazaba.

          El regalo que el hijo le dio a su padre al regresar a casa, fue un corazón abierto a recibir el amor que siempre había estado disponible.

          Durante cada Misa, vamos a la iglesia como hijos pródigos. No importa que pensemos que hemos sido buenos cristianos toda la semana. De alguna manera le hemos dado la espalda al amor pleno, incondicional y fiel de Dios. Es por esto que siempre, al comienzo de la Misa, reconocemos que hemos pecado. ¡Tomemos esta oportunidad muy seriamente!

          Luego escuchamos la Palabra que sana nuestras relaciones rotas con Dios. La homilía siempre debería ser planeada con cuidado para resaltar esto pero, si no es así, Jesús igualmente te habla mediante el Espíritu Santo; escucha con tu corazón. Jesús, que es la Palabra hecha carne, ya ha comenzado a responder a tu presencia en Misa.

          En el ofertorio, nos ofrecemos a nosotros mismos al Padre; es nuestro momento de renuncia: "Ya no merezco ser llamado tu hijo, haz conmigo según tu voluntad". Lo que Dios desea es poder restaurarnos a una relación de amor pleno y recíproco con Él y su familia. Así, en el momento más maravilloso de la Liturgia, recibimos la Eucaristía como regalo de unión con Dios y con toda su familia, la Iglesia. (Aquellos que no pueden recibir la Comunión de la Carne y Sangre reciben la gracia de una comunión espiritual).

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿De qué maneras te sientes como un hijo pródigo? ¿Te sientes separado de Dios de alguna manera? ¿Qué pecados debes confesar para que des la vuelta y puedas regresar a casa? ¡Tu Padre te espera con brazos abiertos!