Pastor's Note| 4th Sunday of Advent| December 23, 2018

Dec 21, 2018

The Fourth Sunday of Advent shows Elizabeth and her unborn son, John, reacting to the nearness of the unborn Christ. We know that Elizabeth immediately understood that Mary was pregnant with the Lord, because the Gospel says she was filled with the Holy Spirit. But how could the fetal John understand? How could he leap for joy while still in the womb?

            If it's true that an unborn baby is not a person with a soul until it takes its first breath, as is claimed by many who believe that abortion is okay, how could the unborn John recognize the presence of the unborn Savior?

            The faith to recognize the presence of Christ -- in the womb of people's lives, in the Eucharist, in the humanity of unborn children, etc. -- comes from being fully alive in the Holy Spirit, who was given to us fully during our baptisms. However, it takes a humble willingness to let God change our minds about what we think is true in order to be open to God's Spirit teaching us what is indeed true.

            John as a fetus was incapable of understanding anything, especially when it happened outside the womb, yet he leapt for joy. This teaches us that we don't need to see God working in the world or solving our personal problems before we can leap for joy. We don't have to understand what God is doing, and we don't even have to know his plans.

            The Holy Spirit enlivened the faith of Elizabeth and John through an act of grace that depended on Christ's future activity. For us, our faith is enlivened by the grace God provides in the Sacraments.

            The joy that comes from recognizing the presence of Christ is God's Christmas gift to us. It's a joy that's meant to last all year. It's a lifestyle, not a holiday. It comes from a faith that appreciates God for working mercifully in ways that we can see and ways that we cannot see, because we trust in his goodness. Even when we suffer or feel sorrow, we can learn to recognize the presence of Christ.

            And then what? Like John, we are called to be heralds of Christ's presence. How? First by sharing our joy with others.

Questions for Personal Reflection:
How much is the joy of Christ's Spirit within you affecting your outward life? What will you do this Christmas to become more aware of the Holy Spirit increasing your faith?

 

4to. Domingo de Adviento


            El Cuarto Domingo de Adviento muestra a Isabel y a su hijo por nacer, Juan, reaccionando a la cercanía de Cristo no nacido. Sabemos que Isabel comprendió de inmediato que María estaba embarazada del Señor, porque el Evangelio dice que ella estaba llena del Espíritu Santo. Pero ¿cómo podría el feto, Juan, entender? ¿Cómo pudo saltar de alegría cuando estaba aún en el vientre de Isabel?

            Si es cierto que un feto no es una persona con alma hasta que toma su primer aliento, como dicen muchos que creen que el aborto está bien, ¿cómo pudo el niño Juan, aun sin nacer, reconocer la presencia del Salvador por nacer?

            La fe para reconocer la presencia de Cristo -- en el vientre de la vida de las personas, en la Eucaristía, en la humanidad de los niños no nacidos, etc. -- proviene de estar plenamente llenos del Espíritu Santo que nos fue dado plenamente en nuestro bautismo. Sin embargo, se necesita una humilde disposición para dejar a Dios cambiar nuestras mentes acerca de lo que creemos que es verdad, con el fin de estar abiertos al Espíritu de Dios que nos enseña lo que realmente es cierto.

            Juan, como feto, era incapaz de comprender nada, especialmente cuando sucedía fuera del vientre, sin embargo, dio un salto de alegría. Esto nos enseña que no necesitamos ver a Dios trabajando en el mundo o resolviendo nuestros problemas personales, antes de poder saltar de alegría. No tenemos que entender lo que Dios está haciendo y ni siquiera tenemos que conocer sus planes.

            El Espíritu Santo avivó la fe de Isabel y Juan a través de un acto de gracia que dependía de la actividad futura de Cristo. Para nosotros, nuestra fe está animada por la gracia que Dios ofrece en los Sacramentos.

            La alegría que surge de reconocer la presencia de Cristo es el regalo de Navidad de Dios para nosotros. Es una alegría que está destinada a prevalecer todo el año. Es un estilo de vida, no un día de fiesta. Proviene de una fe que agradece a Dios por su trabajo misericordioso, de maneras que podemos ver y de maneras que no podemos ver, porque confiamos en su bondad. Incluso cuando sufrimos o sentimos dolor, podemos aprender a reconocer la presencia de Cristo.

            ¿Y entonces qué? Al igual que Juan, estamos llamados a ser heraldos de la presencia de Cristo. ¿Cómo? Primero, compartiendo nuestra alegría con los demás.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Cuánto está afectando a tu vida exterior el gozo del Espíritu de Cristo que está dentro de ti? ¿Qué harás esta Navidad para ser más consciente que el Espíritu Santo está aumentando tu fe?