Pastor's Note| 2nd Sunday of Easter-Divine Mercy Sunday| April 28, 2019

Apr 26, 2019

This Sunday's Gospel reading sets the stage for Pentecost. Prior to giving us the full gift of his Spirit, Jesus provides the gift of peace, the gift of his heart. A supernatural gift, it penetrates deep into our own hearts. It is the calming presence of Christ when we face challenges and difficulties.

          Jesus bestowed it upon his first apostles twice in the same meeting shortly after his resurrection. Then he gave them the life-breath of God, the Holy Spirit, and commissioned them with the priesthood of forgiving the sins of others -- another gift that brings peace.

          This gift of peace has been distributed by Jesus ever since, through the ordained priesthood in what we now call the Sacrament of Reconciliation. And to hold us steady in our efforts to remain holy, Jesus still gives us the breath of God. This breath, this life-sustaining presence of God's Spirit, which created the world and which keeps us spiritually alive, is the Holy Spirit -- God's holiness activating us and dwelling within us.

          Whatever is not holy -- not of the Spirit -- is sinful and destructive. Jesus, who is the embodiment of Divine Mercy, died on the cross and gave us his Spirit so that we could live in the forgiveness of God.

          Whenever you pray the "Our Father", do it slowly and intentionally, and pay attention to these words: "Forgive us our sins as we forgive those who sin against us." Think of the people who have irritated you the most or who have continued to behave hurtfully without remorse. Consciously forgive them during this prayer.

          Otherwise, your unforgiveness could affect their eternal souls as well as your own, because you're denying them an opportunity to understand God's forgiveness through your example, and you're denying God the opportunity to forgive you for your sin of unforgiveness.

          Forgiveness doesn't mean approving of the sin nor forgetting what was done. It means letting go of the desire to retaliate. It means choosing to love whether it's deserved or not. It means entering anew into Christ's gift of peace.

Questions for Personal Reflection:
          Who in your life is hardest to forgive? Perhaps it's yourself! What sins are you retaining by refusing to accept that God has already made his forgiveness available through the cross and resurrection? What are you going to do this week to let go of the unforgiveness?

 

2do. Domingo de Pascua - Divina Misericordia

La lectura del Evangelio de este domingo prepara el escenario para Pentecostés. Antes de darnos el regalo completo de su Espíritu, Jesús ofrece el don de la paz, el don de su corazón. Un don sobrenatural, que penetra profundamente en nuestros propios corazones. Es la apacible presencia de Cristo cuando nos enfrentamos a desafíos y dificultades.

          Jesús se lo confiere dos veces a sus primeros apóstoles en la misma reunión, poco después de su resurrección. Luego les dio el aliento vital de Dios, el Espíritu Santo, y les encomendó el sacerdocio de perdonar los pecados de los demás -- otro regalo que nos trae paz.

          Este don de la paz ha sido distribuido por Jesús desde entonces, a través del sacerdocio ordenado, en lo que ahora llamamos el Sacramento de la Reconciliación y para mantenernos constantes en nuestros esfuerzos para la santidad, Jesús nos da el aliento de Dios. Este aliento, esta presencia del Espíritu de Dios, que sostiene la vida, que creó el mundo y que nos mantiene espiritualmente vivos, es el Espíritu Santo - la santidad de Dios activándonos y habitando en nosotros.

          Lo que no es santo -- que no proviene del Espíritu -- es pecaminoso y destructivo. Jesús, que es la encarnación de la Divina Misericordia, murió en la cruz y nos dio su Espíritu para que pudiéramos vivir en el perdón de Dios.

          Cada vez que rezas el "Padre Nuestro", hazlo lenta y deliberadamente y presta atención a estas palabras: "Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Piensa en las personas que te han irritado o que se comportan hirientes contigo y no sienten ningún remordimiento. Perdónalos conscientemente durante esta oración.

          De lo contrario, tu falta de perdón podría afectar sus almas eternas, así como la tuya, porque les estás negando la oportunidad de entender el perdón de Dios a través de tu ejemplo, y estás negando a Dios la oportunidad que te perdone por tu pecado de falta de perdón.

          El perdón no significa aprobar el pecado ni olvidar lo que se hizo, significa dejar de lado el deseo de tomar represalias, significa elegir amar sin importar si es merecido o no, es entrar de nuevo en el regalo de la paz de Cristo.

Preguntas para la Reflexión Personal:
¿Quién, en tu vida, es la persona más difícil de perdonar? ¡Tal vez seas tú mismo! ¿Qué pecados estás reteniendo al negarte a aceptar que Dios dispuso su perdón para contigo a través de la cruz y la resurrección? ¿Qué vas a hacer esta semana para dejar de lado la falta de perdón?