A Word #170| 31st Sunday in Ordinary Time| November 5, 2017

Nov 2, 2017

“The greatest among you must be your servant. Whoever exalts himself will be humbled; but whoever humbles himself will be exalted."

 

Recently I went to see the film: Victoria and Abdul. If you haven’t already seen it, I strongly encourage you to do so! The movie is based on a true story about Queen Victoria of England who befriends a Muslim Indian man during the final years of her life. She asks Abdul to teach her Indian culture since she was also the Empress of India. Despite the scandal and resentment of the royal family and household, the Queen and Abdul grow close until Victoria’s death. There is one scene in the movie, where the Queen takes Abdul to a secluded palace away from the gossip and noise of the royal household and while on the lakeshore Victoria laments that after six decades as Britain’s monarch she asks Abdul “what is the point?” With a smile Abdul answers with the word: “service.” Abdul understood that the point of life regardless of one’s status, class, age, or ability is service. Although Abdul in real life was one of our Muslim brothers, his answer to Queen Victoria in the movie highlights the message continued in today’s readings.

 

Perhaps many of us have had similar lakeside moments like Queen Victoria where we feel beaten up and defeated by circumstances within or outside of our control and feel the need to lament: “what is the point?” I know I have had these moments in recent months as many of you can imagine. But like Victoria, I have friends close to me who encourage me not to give into despair or discouragement. The point of my life as it is for everyone else is service. If we haven’t encountered resistance, suffering, or even pain through service than we are really not serving. Look at what Jesus or even the Saints had to endure in service to others! Such men and women offer us witness that we need to be ready to accept such difficulties but neither does it hamper our ability to perform and complete them.

 

In the Gospel, Jesus makes it clear that service is never about ourselves instead it is always about others. Additionally, service is not about having power or wanting to control others. Similarly, it isn’t about climbing the corporate, political, or ecclesial ladder. When we understand that service is “placing others before myself” or act as if “others are more important than me” we will discover the answer to the question: “what is the point?” By humbling ourselves for the sake of others, we will find a happiness and fulfillment that can never be found or purchased by ourselves or in possessions. Although we may feel the temptation to ask “what is the point” we must be reminded from time to time that happy life is connected to service.

 

It is no coincidence that service is one of the pillars of stewardship. Through our baptism, each of us have been commissioned and assigned into service. None of us are exempt from service. Thus it is important for each of us to commit and engage in one or a variety of service like: helping out at funeral receptions, becoming a sacristan, volunteer at St. Vincent de Paul, share your musical talent, use technical skills in being part of parish maintenance, etc. Even if none of these interests you or it’s something you are unable to do, there is always some service that is needed. Even a telephone call or sending a note of encouragement to one in need is service. The sense of fulfillment and contentment will be found if each of us do our part in this important pillar of stewardship and discipleship.

 

Yours in Christ,

 

Fr. John

 

 

Una palabra # 170

31º domingo del tiempo ordinario

5 de noviembre de 2017

 

"El más grande entre ustedes debe ser su sirviente. El que se enaltece será humillado; pero el que se humilla será enaltecido".

 

Recientemente fui a ver la película: Victoria y Abdul. Si aún no lo has visto, te recomiendo encarecidamente que lo hagas. La película está basada en una historia real sobre la reina Victoria de Inglaterra, que se hace amiga de un indio musulmán durante los últimos años de su vida. Ella le pide a Abdul que le enseñe su cultura india ya que ella también era la Emperatriz de la India. A pesar del escándalo y el resentimiento de la familia real y la familia, la reina y Abdul crecen cerca hasta la muerte de Victoria. Hay una escena en la película, donde la Reina lleva a Abdul a un palacio aislado lejos de los chismes y el ruido de la casa real y mientras se encuentra a orillas del lago Victoria lamenta que después de seis décadas como monarca de Gran Bretaña le pregunte a Abdul "¿qué sentido tiene? "Con una sonrisa, Abdul responde con la palabra: servicio”. Abdul entendió que el punto de la vida, independientemente de su estado, clase, edad o capacidad, es el servicio. Aunque Abdul en la vida real fue uno de nuestros hermanos musulmanes, su respuesta a la Reina Victoria en la película destaca el mensaje que continuó en las lecturas de hoy.

 

Quizás muchos de nosotros hemos tenido momentos similares a la orilla del lago como la reina Victoria, donde nos sentimos golpeados y derrotados por circunstancias dentro o fuera de nuestro control y sentimos la necesidad de lamentarnos: "¿cuál es el punto?" Sé que he tenido estos momentos en recientes meses como muchos de ustedes pueden imaginar. Pero al igual que Victoria, tengo amigos cercanos a mí que me alientan a no ceder a la desesperación o al desaliento. El punto de mi vida como lo es para todos los demás es el servicio. Si no hemos encontrado resistencia, sufrimiento o incluso dolor a través del servicio, de lo que realmente no estamos sirviendo. ¡Mire lo que Jesús o incluso los Santos tuvieron que soportar al servicio de los demás! Dichos hombres y mujeres nos dan testimonio de que debemos estar preparados para aceptar tales dificultades, pero tampoco obstaculizan nuestra capacidad para realizarlas y completarlas.

 

En el Evangelio, Jesús deja en claro que el servicio nunca se trata de nosotros mismos, sino que siempre trata de los demás. Además, el servicio no se trata de tener poder o querer controlar a los demás. Del mismo modo, no se trata de escalar la escalera corporativa, política o eclesial. Cuando entendemos que el servicio es "colocar a los demás delante de mí" o actuar como si "los demás son más importantes que yo", descubriremos la respuesta a la pregunta: "¿cuál es el punto?" Al humillarnos por el bien de los demás, encontraremos una felicidad y un cumplimiento que nunca podremos encontrar ni comprar nosotros mismos o en las posesiones. Aunque podemos sentir la tentación de preguntar "cuál es el punto", debemos recordar de vez en cuando que la vida feliz está conectada con el servicio.

 

No es coincidencia que el servicio sea uno de los pilares de la mayordomía. A través de nuestro bautismo, cada uno de nosotros ha sido comisionado y asignado al servicio. Ninguno de nosotros está exento de servicio. Por lo tanto, es importante para cada uno de nosotros comprometerse y participar en uno o varios servicios como: ayudar en recepciones fúnebres, convertirse en sacristán, ser voluntario en St. Vincent de Paul, compartir su talento musical, usar habilidades técnicas para ser parte de mantenimiento parroquial, etc. Incluso si ninguno de estos te interesa o es algo que no puedes hacer, siempre hay algún servicio que se necesita. Incluso una llamada telefónica o enviar una nota de aliento a alguien que lo necesita es servicio. La sensación de plenitud y satisfacción se encontrará si cada uno de nosotros hace su parte en este importante pilar de mayordomía y discipulado.

 

Tuyo en Cristo,

 P. John