A Word #167| 28th Sunday in Ordinary Time| October 15, 2017

Oct 12, 2017

“Then he said to his servants, 'The feast is ready, but those who were invited were not worthy to come. Go out, therefore, into the main roads and invite to the feast whomever you find.'”

For over six months, four banners have been placed at the entrance or in the sanctuary of the church. Each banner represents the four pillars of what kind of parish we need and want to become. Hospitality, prayer, formation, and service are the pillars of our parish mission. Each four encapsulates an area of our mission to make and be disciples of Jesus Christ. This is ultimately what stewardship is all about: discipleship. The readings this Sunday speak directly about that first pillar: hospitality.

Many have shared that our Una Familia is a welcoming and hospitable parish. There is no doubt in my mind that we are welcoming and hospitable to those who we know, but what about those we don’t know? Do we make a concerted effort to make someone who is new to feel at home as we do to those who we already know? Perhaps a test of this is how do you feel when you arrive at the parish and someone is in your parking spot or worse yet, in your pew? Do you let it go and allow that individual to feel welcome or do you shame them that they are parked or sitting in your spot? In addition, how welcoming and hospitable are we as a parish when our answer to anyone is always no? Saying no is just like shutting the door on someone. Instead, we should find a way of communicating in a welcoming and hospitable way. Perhaps there is no way around saying no, but the manner in which we communicate will make a big difference.

In the Gospel, Jesus illustrates the Kingdom of God as a wedding feast where some refuse the invitation to come and others come in their place. Although such a parable applies to the inclusion of the Gentiles (non-Jewish) into the Church, it also can apply to the needs of today. It is the work of hospitality to build bridges with those who are new, estranged, different, ostracized, excluded, displaced, marginalized, or judged. For the Kingdom is just as much for them as it is for us.

As Una Familia, we do not close the doors on anyone but keep our doors of welcome open. Furthermore we go out and invite those to our home, not just as a guest, but as a brother or sister. My challenge for each of you is to sit by someone new at Mass or talk with someone you haven’t talked to before. Secondly, invite someone to Mass. You never know if this person is looking for a church or they are wanting a deeper relationship with God.

Yours in Christ,

 

Fr. John

  

Una palabra # 167

28º Domingo del Tiempo Ordinario

15 de octubre de 2017

“Entonces dijo a sus siervos: ‘La fiesta está lista, pero los invitados no fueron dignos de venir. Salid, pues, por las carreteras principales e invitad a la fiesta a quienquiera que encuentres’".

Durante más de seis meses, se han colocado cuatro banderas en la entrada o en el santuario de la iglesia. Cada estandarte representa los cuatro pilares de qué tipo de parroquia necesitamos y queremos ser. La hospitalidad, la oración, la formación y el servicio son los pilares de nuestra misión parroquial. Cada cuatro encapsula un área de nuestra misión de hacer y ser discípulos de Jesucristo. En definitiva, esto es lo que es la mayordomía: el discipulado. Las lecturas de este domingo hablan directamente de ese primer pilar: la hospitalidad.

Muchos han compartido que nuestra Una Familia es una parroquia acogedora y hospitalaria. No hay duda en mi mente de que somos acogedores y hospitalarios para aquellos que conocemos, pero ¿qué pasa con aquellos que no conocemos? ¿Hacemos un esfuerzo concertado para hacer que alguien que es nuevo se sienta en casa como lo hacemos con aquellos que ya conocemos? Tal vez una prueba de esto es cómo te sientes cuando llegas a la parroquia y alguien está en su lugar de estacionamiento o peor aún, en su banco? ¿Lo dejas ir y permitir que esa persona se sienta bienvenido o les avergüenza que estén estacionados o sentados en su lugar? Además, ¿qué tan acogedor y hospitalario somos como parroquia cuando nuestra respuesta a alguien es siempre no? Decir que no es como cerrar la puerta a alguien. En cambio, debemos encontrar una manera de comunicarnos de una manera acogedora y hospitalaria. Tal vez no hay manera de decir no, pero la forma en que nos comunicamos hará una gran diferencia.

En el Evangelio, Jesús ilustra el Reino de Dios como una fiesta de bodas donde algunos rechazan la invitación a venir y otros vienen en su lugar. Aunque tal parábola se aplica a la inclusión de los gentiles (no judíos) en la Iglesia, también puede aplicarse a las necesidades de hoy. Es el trabajo de la hospitalidad construir puentes con los que son nuevos, separados, diferentes, excluidos, desplazados, marginados o juzgados. Porque el Reino es tanto para ellos como para nosotros.

Como Una Familia, no cerramos las puertas a nadie pero mantenemos abiertas nuestras puertas de bienvenida. Además salimos e invitamos a aquellos a nuestra casa, no sólo como un invitado, sino como un hermano o hermana. Mi desafío para cada uno de ustedes es sentarse con alguien nuevo en la Misa o hablar con alguien con quien no han hablado antes. En segundo lugar, invitar a alguien a la misa. Nunca se sabe si esta persona está buscando una iglesia o están deseando una relación más profunda con Dios.

Suyo en Cristo,

 

Fr. John